14 agosto, 2012

Impresiones sobre miradas a culos hispano-magiares.

Zsófi fotografía una estatua ¿en Esztergom? el verano pasado
      En casi todos los países del mundo, la gente acostumbra a tener en la parte posterior del cuerpo dos mofletes unidos con mayor o menor gracia que llamamos culo.
        Los húngaros no miran el culo al pasar cualquier mujer por la calle. Esto lo enuncio negativamente porque estoy pensando en qué los españoles sí lo hacen ... ¡Y cómo lo hacen!. Lo hacen con tanto interés que incluso se olvidan de lo que estaban hablando. Los culos húngaros no tienen nada que envidiar a los culos españoles. En ambos países los hay redondos, cuadrados, melocotonados, respingones, alicaídos, con forma de pera, con piel de naranja, calvos, con piel de kiwi, atléticos, con sorpresa, generosos, gelatinosos, ajamonados, falticos y de todo tipo.
          Bueno, los húngaros no miran los culos fijamente, pero sí que se fijan en ellos. Sin embargo, no he visto nunca... no he visto nunca... ¡vaya culo! ¡yo a esa la ponía mirando a Cuenca! ¿habéis visto éso? ... ¿cómo? ¿qué estaba yo contando? ... ¡Ah, sí! Decía que yo nunca he visto a un húngaro olvidarse de lo que estaba diciendo para mirar un culo cualquiera que acaba de pasar.
            Es la cultura y el experimento de Milgram, o sea, la presión de grupo, la que hace que cincuenta millones de personas al mismo tiempo pierdan el hilo de pensamiento para mirar un culo. Mi amigo Marcos se sintió total y absolutamente reflejado como uno de los que pierden el hilo, pero somos casi todos en España. Los españoles y españolas escanean descaradamente, ropa y todo. En algunos pueblos pequeños, como Espejo, donde trabajo este año, los obreros miran a las mujeres con tanta prestancia y fijación que, no sólo detienen su trabajo, sino que, aunque el propietario del culo les salude, no responden. Una mujer se dará cuenta de que los ocho obreros al completo están, como estatuas, mirándola embobados. Si la mujer dice "¡buenos días!", ellos permanecerán inmutables, quizá sorprendidos de ver un culo parlante. Así que miran y miran, para no perderse detalle, como si alucinaran tanto como si Alien, el octavo pasajero, pasara por su calle. ¿Es la cultura católica la que llamó tanto la atención sobre el cuerpo? (El cuerpo es pecado, sólo el espíritu trasciende).
              Los húngaros no lo hacen. Uno camina por la calle y no nota la mirada de cada persona con la que se cruza. Las húngaras ni se fijan en si alguien les echa una mirada y quizá sea por éso que tienen más libertad para vestir. He visto húngaras con generosos escotes y otras prendas muy cortas, colores llamativos, ir a su vida diaria sin que ninguna persona hiciese comentario sobre ellas. En las piscinas públicas nadie molesta a nadie con las miradas y el ligoteo es más directo, menos ansioso. Si tal, lo dices y punto. Esto no quita para que los húngaros piensen que tienen las mujeres más guapas del mundo, como suelen decir (nálunk élnek a világ legszebb női).
            ¿Por qué será? Que cada uno saque sus propias conclusiones, pero en Hungría uno se viste con más libertad, sabiendo que no le van a escanear. Quizá los húngaros tienen una relación más saludable con su cuerpo.
             Mi amigo Peti me lo explicó desde el punto de vista húngaro:   
"Los húngaros miramos los culos, pero de reojo. Si no hay mucha gente en la calle, después de que pase una señorita, miramos su culo, sin duda - especialmente, si nos parece atractiva la niña. Pero, lo hacemos de forma discreta, ya que  nosotros los húngaros, en general, somos más introvertidos. Creo que mirar al culo de una mujer se considera falta de educación, quizá porque no es nuestra chica. Cuando estés con los amigos, paseando por la calle intentando ligar... es igual... Parece maleducado. Pero, por ejemplo, ¿has viajado en coche con amigos aquí? Si no, deberías: Además de escuchar la radio y charlar es imprescindible mirar a las chicas y sus curvas, mientras podéis hablar de ellas. (Importante: ¡que no haya ninguna fémina presente!)"

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