
Una vez entré en Falank Fanny y le pedí que me pusieran todas las pogácsas que tuvieran. ¡Todas!
Es el sueño del sibarita, llegar a un restaurante y decirle al camarero: ¡fuera todo el mundo! ¡hoy voy a comer yo aquí!
Sentirse aristócrata. Ese tipo de cosas a veces se pueden hacer en Hungría.