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05 marzo, 2026

¿No te gusta el sistema?

Quizá ahora en 2026 la "oposición" de Péter Magyar (Partido Tisza) le haga una competencia real en las elecciones a la coalición de gobierno actual de Viktor Orbán (Fidesz-KNDP-Jóbbik). Es un caso raro, incierto pero Tisza es proeuropeo y propone más impuestos a los ricos y menos impuestos a los pobres, y esto podría modificar alguna cosa.

El movimiento actual de oposición de Tisza ha sabido reorganizar un descontento antiguo (me acuerdo del movimiento de "¿No te gusta el sistema?", de 2011, en el vídeo adjunto).


El sistema político húngaro favorece al partido dominante.  Por eso, una unificación de la oposición puede conseguir escaños donde los partidos pequeños no lo conseguían. 

La tendencia es clara, de todos modos: La derecha ultra de Jóbbik se hunde... La derecha populista de Fidesz en coalición con los democristianos (KDNP) pierden votos y sube el partido de la oposición: el Tisza (creado en 2021 y que ha crecido mucho en apenas un par de años, cosa rara).
La figura clave es Péter Magyar, un "insider" de la política húngara al que convendría mirar de cerca, para entender mejor su éxito. 
La otra clave es el voto en Budapest / el voto en el resto del país. En Budapest el voto es más cosmopolita, tiene más votantes en contacto con Europa y más voto universitario (más cultura). 
Fuera de Budapest el voto es más conservador (pasa en todos los países), pero además, es más dependiente de los favores del Estado central (del partido dominante), y es de personas de mayor edad y quizá de menos nivel cultural, en su mayoría.
Si Tisza consigue el voto fuera de la capital, conseguirá mucho. 

Pase lo que pase, vamos a celebrar los cambios diciendo una bonita palabra húngara:  "megszentségteleníthetetlenségeskedéseitekért". 

22 enero, 2026

"¡Hungría, un país pro-familia!"

Me resulta muy incómodo cada vez que atravieso el aeropuerto de Liszt Ferenc, tal como ha sido decorado en la Era Orbán. A la vista de estos carteles, cualquiera que lea entre líneas, entiende lo que quieren decir: Hungría no es amigable con nada que no sea la familia tradicional.  


Estos carteles en el aeropuerto no dan la bienvenida a todo el mundo. Sólo a las familias. No tengo nada en contra de las familias, pero las familias no sólo son como se muestran en estos carteles. Existen las familias sin hijos, las familias monoparentales, las familias de adopción y las familias de padres / madres de un sólo género. Es increíble tener que decirlo pero: tener dos madres no te educa para ser lesbiana, ni tampoco tener padres gays te lleva a serlo tú. Es obvio. Es triste tener que decirlo en el siglo XXI. 


El Gobierno de Hungría lleva años impulsando políticas y retóricas que son claramente en contra de los derechos LGTB+. 
La "Ley de propaganda" de 2021 prohíbe representar o promocionar identidades sexuales o de género diversas ante los menores. Amnistía Internacional se ha quejado de esto

Para el gobierno húngaro, este discurso es “protector de la infancia y de valores tradicionales”, no necesariamente dirigido contra personas LGTB+ como individuos. Pero esto es hipocresía. Decir una parte de la verdad, revela cuál es la información que resulta incómoda. Las personas LGTB+ resultan incómodas para el gobierno de Orban y para muchos húngaros. Esto es un síntoma de machismo y atraso ciudadano, así como de prejuicios. ¿Por qué es incómodo lo que otros hagan en su intimidad? ¿Cuál es el miedo que tanto provocan estas personas? ¿Tienen miedo a su propia masculinidad? ¿Tienen miedo a que no haya suficientes nacimientos en el mundo? 

A mí me apena mucho la falta de libertad para las personas LGTB+, que no podrán reconocer y manifestar libremente su identidad de género diversa de la familia tradicional. 
También están prohibidos en Hungría los desfiles por el Día del Orgullo, lo cual es claramente discriminatorio, excluyente y homofóbico. Es contraria a los valores y las libertades que defendemos en Europa. Siempre defenderé las libertades para los colectivos LGTB+.

Espero que en el futuro nos demos cuenta de que las libertades y los derechos implican la universalidad de los mismos.
No podemos ser ciudadanos libres, pero tener esclavos en casa. 
No podemos ser familias si no reconocemos a todo el resto de familias existentes. 
Aunque lo pongamos en muchos idiomas: estamos siendo excluyentes y no estamos viendo la realidad. 


No reconocer este derecho a los húngaros significa hacer sufrir a las personas de Hungría cuya identidad de género no es la tradicional. Es una grave injusticia por parte de un gobierno. Es un síntoma de atraso, rancio conservadurismo y autoritarismo. 



06 noviembre, 2025

Mi vara de medir países.

Gran Teatro de Córdoba. Esta foto de la tomé el 18 de Enero 2025, a las 20:02.

¿Qué enseñamos de Córdoba? Cuando un extranjero viene a Córdoba nadie duda de que hay que darle un paseo por el casco viejo (San Miguel, el templo y el puente romano, Corredera, San Lorenzo, San Agustín, La Magdalena, etc...), por supuesto incluyendo la Mezquita, la Sinagoga, Medina Azahara y que se coma un salmorejo, un flamenquín, unas berenjenas con miel o una mazamorra. Si además se va a la cama un poco chispado, creemos que hemos cumplido como buenos embajadores. En Córdoba tenemos un teatro, un ayuntamiento, una plaza de toros o un parque, pero no pensamos que esto nos distinga de otras ciudades. Los cordobeses pensamos que nos une nuestro pasado romano, judío y moro y que del cerdo se aprovecha todo. Al final, España hereda sus valores del Mediterráneo Antiguo, del Imperio Romano: somos individualistas, protegemos a nuestra familia contra las demás familias de Córdoba, sálvese quién pueda (como se explica en el libro "Sesenta millones de romanos" de Jerry Toner). Por eso enseñamos monumentos de vieja gloria imperial y religiosa y comidas y bebidas. 

Palacio de Viana, Córdoba. Esta foto de la tomé la tarde del 20 de Octubre de 2024.

¿Qué te enseñan en Dinamarca? Una vez visité Dinamarca. He tenido que mirar mis viejos currículums para recordar en qué año fue. En el verano de 2003 fui voluntario europeo, junto a una amiga cordobesa que tuve. Ella quería ir a Francia y yo quería ir a Italia, pero sólo quedaba Aalborg, Dinamarca, y elegimos esa oportunidad. Estando allí, los daneses nos regalaron su bandera en un delicado diseño de vidrio. Después nos enseñaron el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Aalborg. Nos pudimos sentar en los mismísimos asientos donde se sentaban para gobernar los concejales de la ciudad. En tercer lugar, nos hicieron un recorrido por el asilo público de Aalborg. Era sin duda un sitio estupendo para ser anciano: tenías tu propia casita con jardín, un cochecito eléctrico para salir a la calle y pasear, hasta llegar al centro cívico donde podías encontrarte con el resto de ancianos daneses. Todo ello atendido por personal adecuado, enfermeros, cocineros, limpiadores, psicólogos, etc... pensaba yo. Al final, Dinamarca construye sus valores como los pueblos nórdicos, como vikingos: pensando en formar y cuidar a una comunidad. Tuve claro por qué Dinamarca era un sitio más avanzado que España, es decir, porque enseñan su bandera nacional, su salón de plenos y su asilo público. 


Palacio del Duque de Rivas, sede de Vimcorsa, Córdoba. Foto tomada la tarde del 20 de Octubre de 2024.

¿Por qué un español no está orgulloso de lo mismo que un danés? Un español nunca hubiera regalado su bandera, puesto que nuestra bandera en España no significa la nación, ni la unidad, ni la patria. La bandera española significaba para mí ser nacionalista, como Franco y ser un facha, así que no se la regalaría nunca a nadie. Hoy en día sigo sin disfrutar de mi bandera. En segundo lugar, yo nunca había visitado el Ayuntamiento de Córdoba porque nadie nos había invitado allí. El salón de plenos y centro de gobierno de Córdoba no se me hubiera ocurrido nunca enseñárselo a ningún grupo de voluntarios europeos ni de amigos extranjeros que visitaran la ciudad. Pero lo que sí que jamás hubiera enseñado a nadie es un asilo o centro de ancianos. No sólo no conozco como son, sino que lo único que sé de ellos son historias "que salen en la tele", de aquellos lugares mal gestionados donde las cuidadoras mal pagadas tratan a los ancianos a patadas y se dan todo tipo de malas prácticas.  Un español no enseña lo mismo que un danés porque los valores son diferentes.

¿Por qué no enseñamos a los turistas el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Córdoba?
¿No estamos orgullosos de nuestras instituciones?
Por cierto, fui ese día y he solicitado dos veces visitarlo con mis alumnos y no me responde nadie.
Estas fotos las tomé el 8 de Agosto de 2025, a las 11:42.

¿Y qué enseñan los húngaros? Cuando he tenido que enseñar Hungría a mis amigos españoles, hemos pensado en visitar el Parlamento de Budapest, la colina de Buda, los baños termales de Szechényi, el parque Varosliget con su nuevo palacio de la música, la avenida Andrassy y Váci utca, culminando en el mercado central de Pipa utca. Pero creo que la imagen de Hungría sería entonces la de un país nacionalista (muchas banderas), con un pasado glorioso (castillos), buenos restaurantes, sin duda, mucha cerveza y una calle para comprar cosas baratas. Del Parlamento, por sí mismo, no podemos deducir nada, sabiendo quién lo administra hoy. Lo primero, te invitan a una cerveza o a un palinka, y si eres mujer te dan flores o chocolates. Los húngaros conciben su país alejados de la política: como los españoles, excepto en el nacionalismo de la bandera, que usan para todo. También dicen que del cerdo se aprovecha todo (tradición antisemita, ¿no?). Los húngaros te enseñan sus monumentos imperiales, y sus licores y chorizos.

Este dibujo lo hice el 19 de Julio de 2025, junto a Nerina Kiss, en Miskolc.

¿Cómo hay que medir a un país del siglo XXI?
Me parece que un país del siglo XXI hay que medirlo por cómo vive la gente (si hay un buen gobierno), por ejemplo, el precio de la vivienda (Hungría ha experimentado una subida tremenda de precios de los inmuebles) la igualdad entre hombre y mujer y de clases sociales (la asunción de los Derechos Humanos), la posibilidad de empezar una vida para los jóvenes (dado que tantos emigran de Hungría o de España) y la manera en que se trata a los ancianos y los derechos con que se protege a las minorías (LGTB, grupos minoritarios como gitanos húngaros, judíos húngaros, emigrantes sirios, turcos, ucranianos o chinos). 

¿Qué mostraría yo de Hungría? Bueno, ya no estoy seguro de qué representa los valores adecuados. La Hungría amable y ciudadana del futuro. Una Hungría socialdemócrata y abierta.

Pero algo que me ha gustado a priori es la nueva Casa de la Música que ha abierto en enero de 2022. Obra de un arquitecto japonés, se ubica en el Paseo de Olof Palme, 3, en una zona rica de la ciudad, junto al Varosliget (el Parque de la Ciudad). Os dejo una foto de este edificio y me quedo pensando... 

Esta foto la tomé el 3 de enero de 2025 a las 15:33, junto a Nerina Kiss.
 ... Pensando si este edificio debería criticarlo por su ánimo gentrificador o debería encantarme por su modernidad. Tal vez la Hungría que yo sueño es menos un escenario y más un hogar para la gente que vive en ella.

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30 octubre, 2025

Lo que no ha cambiado en Hungría.

El Pistacho Veloz ha vuelto a Hungría, aunque de allí nunca se fue. Pero ha vuelto a blogspot.

Hace diez años que no escribo en este blog, pero ¿qué importa el tiempo? Aquí estoy otra vez, retomando lo que nunca quise abandonar: la escritura y a Hungría.

Los tiempos han cambiado. Ahora existen los ebooks, existen los smartphones y la moda de las cervezas artesanas. Una cosa no ha cambiado: el gobierno de Hungría lo tienen los mismos y el país no ha mejorado, los jóvenes siguen emigrando porque no hay trabajo. Ocurrió la crisis de Siria y más tarde Putin invadió Ucrania, pero la apuesta de Hungría por Europa sigue sin ser clara.

Hoy vengo a contar que me he encontrado con un artículo (en español) de Botond Feledy, que relata cómo se encuentra hoy (es de 2017) el país magiar: sumido en una autocracia, perdiendo la pluralidad política y de medios de comunicación, en medio de una crisis demográfica de emigración del talento y pasando también un horrible momento político porque sus líderes no saben apostar por las libertades, por el desarrollo, por los derechos humanos y por la democracia, en definitiva. Allá por 2008-2010, cuando Fidesz se hizo con el gobierno, ya no me gustaba Orban y, hoy, todos mis temores se han confirmado. Os dejo el enlace a estas dos "noticias" sobre Hungría hoy. Uno de 2017, escrito por Botond Feledy (Botond es el nombre, Feledy es el apellido). Y otro más reciente, de 2021, una investigación de una prometedora estudiante del Bachillerato de Investigación del IES Las Musas, de Madrid. 

Hungría, ¿populismo o política? por Botond Feledy.
https://www.cidob.org/publicaciones/hungria-populismo-o-politica  

"El populismo de Víktor Orbán en Hungría y la Unión Europea" por Nerea López Jareño.
https://www.youtube.com/watch?v=izCRTBdBzqw   

Curiosidad histórica:
En el vídeo, se comenta sobre una frase que dice: "Mientras que oigas sonar las campanas en Hungría, Europa está a salvo". Me imagino que es una frase que se solía decir, referida a que el Imperio Otomano no había conquistado Hungría. No he encontrado a qué se refiere, quizá a las campanas de la Batalla de Belgrado, es decir, las campanas de mediodía por Nándorfehérvár/Belgrado (1456), la victoria de Hunyadi, que en Hungría se vive como “Hungría detuvo a los otomanos y protegió a Europa”.
Podríamos imaginarnos este texto algo así en húngaro, aunque me estoy inventando la versión húngara: 

„Amíg Magyarországon még megkondulnak a harangok, Európát nem fenyeget veszély.”

En fin, ya estoy disperso otra vez, me marcho por hoy. Como dice Nerea López, el deber de los demócratas es proteger la democracia. Y como diría Unamuno en 1923, puedo yo decir cien años después que "me duele Hungría".

#Magyarország #populizmus vagy #politika?

**Közzététel dátuma:** 2017. április
**Szerző:** Botond Feledy, vezető kutató, Center for Euroatlantic Integration and Democracy (CEID), #Budapest



10 febrero, 2014

El salami de Paco Ráckózi y yo

Hace unos días he recibido provisiones: Un fantástico sabroso y ahumado SZALÁMI de la fábrica de PICK de SZEGED, que visité con mis amigos Jairo y Bárbara hace años... con ese bigotudo Príncipe de Transilvania Paquito RÁCKÓZI, héroe de la independencia húngara en 1711 y héroe campeón del sálami...  su mostachón magiar saludándome desde mi propia cocina...
Me muero por abrirlo y probarlo.

02 agosto, 2013

Caperucita Roja y las grosellas negras.

En Hungría se conserva una costumbre muy buena: fabricarse de manera casera sus propios refrescos. 
En España los que no quieren beber alcohol o algo de la Coca Cola Company lo tienen muy difícil. Todo lleva gas o alcohol, excepto el Aquarius. Hay pocas opciones. Son raras las "zumerías" (establecimientos de venta de zumos que he visto en Las Palmas de Gran Canaria o en Córdoba). Y no se lleva mucho tener zumos o batidos en los bares. Además, el agua siempre es mineral sin gas y el biterkas o las mirindas han desaparecido!!

En Hungría, no sólo aún se venden mirindas, sino que además de poder pedir agua con gas, con medio gas o sin gas, muchos tipos de tés (verde, rojo, jazmín, otras frutas, varios tipos de té negro), té hecho en leche, granizadas (smoothies), zumos y batidos, existe la opción casera de comprar tu propia botella de agua con gas y añadirle un chorrito de los siropes de la marca Piroska.  

Piroska es el nombre o apellido de algunas chicas húngaras. Por ejemplo, yo conozco una Piroska en Budapest que habla perfecto español. Y en Miskolc conozco otra Piroska que es la mejor profesora de literatura del mundo y los alumnos literalmente lloran al despedirse de ella y siempre recuerdan su forma de recitar poemas magiares. También Piroska es el titulo en húngaro de un famoso cuento para niños: Caperucita Roja. 

Piroska es una marca muy húngara de siropes (szörpök). Mi favorito es el de grosellas negras (fekete ribizli). Las grosellas negras son lo que en otros países se llama "casis" o en España también se llama uva crespa o uva de corinto. Creo que es lo que comían los pitufos, ¿no? 

La proporción para beberse un szörp es de muy poquito sirope y mucha agua. Si yo fuera húngaro, hubiera escrito 10% de sirope y 90% de agua, para ser más precisos. 

Aquí en la foto, uno de estos bodegones húngaros que a mí me gustan. Es una parte de mi cena de picoteo de antesdeayer. En el centro: la botella de Piroska Fekete Ribizli Szörp


01 agosto, 2013

Cigarros porno, Unicum y Willy Wonka.

El último chisme sobre el Gobierno Orban del Partido Fidesz de Hungría no es sobre el nacionalismo, el valor del forint, la nueva línea de metro de Budapest, el nuevo tranvía de Miskolc o sobre las políticas de integración de la minoría gitana. Esta vez se trata de algo que realmente afecta al conjunto de la ciudadanía: el tabaco. 

Hay que saber que anteriormente era posible comprar cajetillas en numerosos lugares. Era especialmente común comprar tabaco en cualquier supermercado, donde se colocaban apetitosos junto a las cajas cobradoras, para no salir de allí sin él. También los bares los vendían. 

Los húngaros están que no echan humo desde que el Gobierno, además de apoderarse de todos los institutos de educación pública, ahora se ha hecho con el monopolio de la venta del tabaco mediante una red de "estancos", a la manera española. Las calles de Hungría se han llenado de estos nuevos únicos lugares a los que les está permitida la venta de cigarrillos. Todos ellos están marcados con un símbolo "T" con los tres colores de la magiaridad, contorneados por un marco circular negro donde se lee su nombre: "Tienda de Tabaco Nacional" (Nemzeti Dohánybolt). 


El hecho de que se indique la palabra "nacional" (Nemzeti) ha hecho que mucha gente considere que las tiendas de tabaco tienen derecho a tener nacionalidad, al igual que los calcetines, las palomitas del cine, los cojines de un sofá, el pollo con patatas o las granizadas de mango. Incluso podría llevarse al Parlamento el derecho a la autodeterminación de los quicos, las pipas de girasol y las cáscaras de naranja. Todas las bombillas y los enchufes de Erdély, en Transilvania, se han unido en una petición unánime de la nacionalidad magiar que ha electrizado las conversaciones de todos los electricistas húngaros.  El ambiente echa chispas, pero, ésto sí, por fortuna son chispas nacionales, cien por cien magiares. 

Además, estas tiendas muestran otro gran indicador con un número "18". Esto, junto a los cristales translúcidos que no dejan ver el interior, han llevado a gran número de extranjeros a pensar que se encontraban frente a un sex shop, lo cual a muchos les encaja con la idea de Budapest como "Capital Europea del Sexo". A continuación, escribiremos esta palabra tres veces más para aparecer en las búsquedas de google en primeras posiciones: sexo, sexo, sexo. Además, con su permiso añadiremos algunos improperios de propina, con el mismo propósito: pollas, coños, joder, hostia puta, escoria de mierda. 

Un gran número de analistas destacan la similitud del símbolo con el de la marca de licor "Unicum". Siendo "Unicum" una de estas cosas muy "Hungaricum" la marca de licores, en plena campaña de difusión de los nuevos sabores Unicum Szilva, Unicum Paprikás Csirke y Unicum Lencse, se está planteando denunciar a Orban Viktor por perjuicios a su imagen. La marca Unicum podría verse relacionada con la nicotina y con la imagen de un gobierno muy consumido y quemado. 

Se ha difundido el escándalo del reparto de licencias de "Tiendas de tabaco nacional". Según este rumor la adjudicación se ha realizado de manera nepotista, entre los amiguetes cercanos al Partido Fidesz. Esta noticia ha sentado a los húngaros como la última calada a un cigarro, cuando se ha concentrado toda la nicotina y te das cuenta que te estás fumando el algodón.  

El nuevo plan del Gobierno es que, a pesar de que en estos "Nemzeti Dohánybolt" no se puede entrar con menores de edad, sea posible comprar dentro artículos como caramelos y helados. Para ello se están sosteniendo conversaciones con Willy Wonka Co. 

Informando desde Budapest, el reportero más dicharachero de Ferenc Liszt Tér, para todos Ustedes, El Pistacho Veloz.




31 julio, 2013

Sin noticias de Spiderman (en Budapest)

Las calles de Budapest serían el infierno para Spiderman, porque están cubiertas de cables de derecha a izquierda entre los balcones de un lado y otro de la calle, a lo largo, entre farola y farola, incluso de árbol en árbol, y, finalmente, en diagonal, no sé porqué, también.
dibujado entre 9.30-11.30, hoy, desde el Híradó Kávézó, en la esquina de Dohány utca con Erzsébet körút.
Se aprecian los cables por doquier.

Spiderman no quiere venir a Budapest, pero no hace falta porque los súpervillanos octopusianos con muchos brazos, las mujeres gato y los robots gigantes tampoco pueden moverse fácilmente por estas calles. El duende verde se comería los mocos al intentar sobrevolar las calles en su tostadora volante. Y de Lobezno, con esas garras de adamantium hiperconductoras de electricidad ... ni hablamos. 

Todos ellos tuvieron que ir al médico después de tropezarse con tanta cablería. Y fue entonces cuando se dieron cuenta de que los médicos húngaros atienden mejor a aquellos "clientes" (mentalidad que el socialismo no pudo cambiar) que pasan "d'estrangi" por la banda un sobrecito con dinerito extra. Así uno sabe que el médico trabaja con más alegría. 

Pero Spiderman no sabía que hay que "incentivar" a los médicos húngaros (hay que hacerlo sobre todo porque son los que no han emigrado a Alemania para cuadruplicar su salario). A Spiderman lo hicieron desnudarse delante de una fila de enfermeras gordas que se reían de su picha. Mientras, al Duende Verde le tocó esperar seis horas en una sala sucia con goteras junto a un niño que no paraba de berrear. Entre los cables y los hospitales... no se puede defender el bien ni el mal. Lo mejor es quedarse en escala de grises: comer carne con tomate; reutilizar las bañeras como sillones de pubs; tomar limonada que no lleva limón, sino maracuyá; entrar en la Unión Europea, pero no en el euro; echar de menos a los húngaros Szekély, pero no concederles el voto, etc... En Hungría no hay blanco y negro. 
Por eso en Hungría seguimos sin súperhéroes. 

08 julio, 2013

Ya no gritarán las grullas en mis oídos

Ya no gritarán las grullas en mis oídos,
por Iván SanJuás
Vaya por delante decir que mi amigo Iván es un tío mentalmente sano y muy simpático. Es muy sociable, sus alumnos y alumnas a los que Iván enseña dibujo y pintura están encantados con él (quizá especialmente sus alumnas) y siempre que salimos de viaje o de fiesta Iván está sonriente y es un gran bailongo. 
Dicho esto, si uno ve los cuadros que pinta Iván podría pensar que es un amargado y candidato a entrar en un MacDonalds con una recortada y cepillarse a todos lo que están pacíficamente deglutiendo lípidos con mostaza. Sus cuadros contienen muchísimo color negro y, en la décima parte de la superficie del lienzo, una figura translúcida que cumple alguno o todos estos requisitos: está de espaldas, compungida, se está contorsionando o no tiene ojos. 
Para los que creáis que estoy exagerando, echad un vistazo a algunos títulos de sus obras: 

La luz penetra donde no brilla el sol

No entres dócilmente en la noche callada

Negra leche del alba

Ya no gritarán las grullas en mis oídos (el de la imagen) 

A pesar de eso, Iván es buena persona y muy alegre, de verdad. Cuando viajamos juntos por Aggtelek, Szeged, Miskolc, Budapest y otros sitios de Hungría tuvo la genial idea de comprar un cuadernillo de viaje y sus acuarelas para que todos fuéramos apuntando y dibujando las anécdotas. Quedó una preciosidad de cuaderno. Con muchos colores. Y todavía tengo la imagen de Iván dibujando, o paseando y conversando junto a mí o bailando como un descosido en Barcelona aquella noche que nos reímos tanto y nos bebimos la última gota de aquel vodka polaco que tenían en ese bar.

También los húngaros son gente muy alegre, pero son gente alegre que cree que son gente triste. Esto es lo que pasa cuando "Szomorú Vasárnap" (Domingo Triste) es una de las canciones más famosas del país. Hablan de que todos les invadieron, pero también nos pasó eso en España. Aunque claro, nosotros invadimos América y ellos perdieron las Guerras Mundiales... Así que no se les debe discutir mucho sobre este punto. La melancolía es la dicha de estar infeliz. 

03 abril, 2013

¿Tienes miedo a no existir?

Attila comenzó a ser profesor en el Herman Ottó el mismo año que yo. Ahora da clases de Historia en inglés en un colegio de Madrid.
Attila me entregó el librito donde describía las fechas, lugares y nombres que debían aparecer en cada uno de los temas de Historia. Estaba todo bien detalladito.
Me sorprendía que la historia en Hungría estuviera tan clara para todos.

Los españoles no tenemos tan clara la Historia, ni nuestra historia. Yo había sentido siempre que la Historia estaba en permanente cambio, que era versiones interesadas, que siempre era necesario investigar mucho para hacerte tu propia opinión. Los moros, los judíos y los cristianos, los del norte y los del sur, los del centro y los de fuera, los republicanos y los monárquicos, los liberales y los conservadores, los afrancesados, los payeses de la remensa, los carlistas, los krausistas, etc... nadie está de acuerdo en cómo pasaron las cosas en España.  ¿Es rey español Fernando el Católico o es aragonés? ¿entonces es rey español Abderramán III? ¿por qué no? ¿hace falta ser cristiano para ser español? Nada está claro. Todo sigue en discusión en España.

En la Historia de Hungría estaba todo clarísimo... ¿es que nadie se hace preguntas?
Por ejemplo: ¿cómo se puede llamar a un pueblo los pre-magiares? ¿es que no eran otra cosa antes? ¿se estaban preparando para ser magiares?

Encuentro frases de un reputado historiador como István Fodor, que dice:

"Parece increíble que la magiaridad llegara a sobrevivir en aspectos tales como la lengua y la unidad étnica sin sumergirse en el mar de pueblos de lengua iraní y más tarde turca que vivían en la estepa euroasíatica". 

¡La magiaridad desde antes del siglo IX! 
¡Tanto miedo tienen los húngaros a desaparecer que lo proyectan hacia el pasado!

Hurgar en la "magiaridad", como si una cosa así pudiera existir, para afirmar que "sobrevivió" a los contactos con otros pueblos es como decir que no se contagió de otras culturas. Creo que lo que somos hoy es el tutti frutti de nuestra mezcla con todo lo anterior. No existe nada puro. No existe una "magiaridad" impermeable al tiempo. Las personas y las culturas cambian. Un magiar del siglo XI tenía más en común con un francés del mismo siglo que con un magiar actual.  Somos cambios. Somos contacto. Somos mezcla.

¿Cómo se puede saber que los primeros húngaros llegaron a la "patria" en el año 895? ¿ya sabían que éso era la patria? ¿no podía haber sido cualquier otro lugar? ¿era exactamente el territorio que ocupa ahora el estado húngaro?

O, también, ¿cómo se puede llamar "la Conquista de la Patria" al asentamiento en un lugar que ni era entonces patria ni sabemos si era el lugar que aquellos hombres querían conquistar?
Este es el Parlamento húngaro de verdad. Donde el país florece.
Una floristería del Distrito XV de Budapest. en Szechényi tér. 
Pensar que los magiares del año 895 conquistaron este lugar para preservar la "magiaridad" es una idea falsa, pero sirve para crear ciudadanos que amen la tierra en la que viven, como si hubiera una razón para haber nacido allí.

Lo siento, pero la Historia de Hungría tiene un tufo enorme a cuento del XIX para producir ciudadanos fieles que mueran por su país. Hoy ya suena poco creíble.

Para mí la Historia no es una fábrica de nacionalistas. Es mucho más. Bajo mi punto de vista la historia está viva y se reescribe contínuamente.
Creo que los húngaros se están dando cuenta de que la Historia decimonónica no les sirve. Ya no les sirve resucitar Trianon. Lentamente aprenderán a reconciliarse con su alrededor. Van a existir para siempre.
Por eso quiero tanto a Hungría, para que sepa que nunca va a desaparecer. Yo siempre la voy a recordar. Lo prometo. 

03 marzo, 2013

No es un frac, es un forro polar.

Mis amigos suizos de Basilea, Claudio, Mish y Grish, me visitaron en Hungría y describieron el alemán que hablan los húngaros como “alemán con flores”. Debían referirse a las florituras y parsimonias que se recuerdan desde los ceremoniales del Imperio Austro Húngaro hacia 1900. Los húngaros siguen hablando así y haciendo todo así, con muchas florituras de modo que realmente lo hacen sentir a uno en cualquier restaurante como si fuera un Gróf *. 

Los húngaros a cualquier cosa le ponen amor, elaboración, cuidado y esmero. Si te ponen un tomate en el plato, estará cortado de forma que parezca un diamante; si te ponen un pepino, estará esculpido como un tulipán; si es un café, tendrá un corazón dibujado en la espuma; si es mantequilla, formará finos giros salomónicos, si te haces una foto para el carnet el fotógrafo también te indica que contorsiones tu cuello y te exprimas como los anteriores alimentos, para sacar tu mejor escorzo. 

Como ejemplo de esmero y elegancia os quisiera servir a los camareros de Miskolc, mucho más amables de lejos que los de la capital. 

El Restaurante Impresszó de Miskolc. 
Aquella noche de 2004 fui con las tres francesas a cenar restaurante Impresszó de Miskolc. Elegimos la mesa que se encuentra inmediatamente detrás de la columna central.  
Al sentarme, el camarero inesperadamente se colocó detrás de mí. Me quedé sin habla cuando noté que me ayudaba a desprenderme de la prenda que llevaba puesta. 
Pero no era un frac, ni siquiera una chaqueta, sólo era un forro polar. El camarero, o, mejor dicho, el metre, trató a mi viejo y despeluchado forro polar como si fuera un abrigo de visón y lo colgó en el perchero, junto a abrigos de cuero y otras prendas de vestir bastante charming. 

El camarero tomó nota de nuestras bebidas y anotó también un paquete de tabaco para una de mis amigas. Regresó con un plato en cuyo centro se situaba graciosamente un paquete de “Multifilter Azul”. El camarero depositó el plato en la mesa y entonces nos pilló por sorpresa: cogió el paquete y abrió el precinto, retirando el plastiquito y abriendo la tapa del paquete. Propinó unos golpes en el culo del paquete ante nuestra mirada atónita. Yo pensaba que iba a fumarse un cigarro del paquete de mi amiga, sin permiso ni nada. Pero cuando tres cigarros asomaron, como los hermanos Dalton, por la obertura lo depositó apoyado sobre la tapa de modo que los cigarros se mostraban apetecibles y tentadores ante nosotros. Tras esta ceremonia del apertura del tabaco, el camarero se retiró. Nosotros nos miramos a los ojos, incrédulos. 

Entonces una de mis amigas francesas sacó un cigarro y, no bien se lo puso en los labios, cuando la mano del camarero apareció de la nada chasqueando un mechero que hizo prender la punta durante la primera bocanada de humo. Escuché cómo crepitaba melodiosamente la hebrá ardiente del cigarrillo y aspiraba mi amiga el humo. El camarero se retiró sigilosamente para regresar dos minutos después con nuestras bebidas. 

No hay nada que hacer: no se puede competir con la hospitalidad húngara.

Una noche en el Shannon Pub, el bar irlandés de Miskolc, mi vaso de vino tinto estaba demasiado frío. Mi sabio paladar me indica cuando el tinto está tan frío que pierde su sabor, de modo que para la segunda copa pedí al camarero que se acercase. Le hablé intentando ser tan educado y elegante como ellos: 

- Elnézest! ¡Disculpe! ¿sería posible pedir una copa del mismo vino, pero de una botella que no estuviese en el frigorífico, es decir, sin enfriar?

El camarero frunció el ceño durante una milésima de segundo y después sonrió con una idea y dijo "Persze!" (¡Por supuesto!). Regresó dejando una espléndida copa de tinto ante mí. Desafortunadamente, cuando acerqué los dedos y toqué la copa quedé horrorizado: había metido la copa en el microondas, en su afán por satisfacer mis caprichos termostáticos. Claro está que me la bebí sin rechistar.




* Un Gróf es un "Conde" en los países de habla alemana. 

02 marzo, 2013

Paraíso tomatero


Foto desde el interior del Café Central de Budapest, junto a Ferenciek tére (la Plaza de los Franciscanos), ayer, 1 de marzo de 2013 (mi santo o névnapot).


Junto a las naranjas, hay algo más que tienen mitificado en Hungría: los tomates. 

No me lo ha dicho nadie. Es cierto que se venden tomates normalmente, aunque no exista el salmorejo o el gazpacho. El tomate es opcional en el gulyás y en la sopa de pescado (halászlé) y es un ingrediente obligatorio en muchos platos hungarísimos como el pisto húngaro (lecsó) o en la ternera con tomate (marhapörkölt). Pero un detalle me llamó la atención: se usa la misma palabra para decir "tomate" que para decir "paraíso". 

Se me ocurren dos opciones: o bien para ellos los tomates son frutas del paraíso, lo cual es muy lógico, puesto que América fue considerada una nueva tierra prometida para muchos. De hecho, en italiano le llaman "pomodoro", es decir, "manzana de oro". En español la palabra proviene de alguna lengua precolombina, supongo.

La segunda opción es que en la imaginación húngara el paraíso es un enorme planeta en forma de tomate en alguna galaxia hortofrutícola que los humanos no hemos descubierto (no está claro si los húngaros son de este planeta).

Y no nos importa si es una fruta o una verdura, porque está buenísimo.


"¿Qué culpa tiene el tomate que está tranquilo en su mata /
y llega un tío y lo arranca y lo mete en una lata /
y lo fríe con patata?"
(Coplilla andaluza)

(escrito un dos de marzo en el aeropuerto Ferihegy T2B de Budapest... perdón, que ahora se llama Liszt Ferenc, creo)

20 febrero, 2013

Gran Maestro de la Orden Jedi soy.

A veces nos parece que en otros idiomas se habla como lo hace el Maestro Yoda.
En alemán, por ejemplo, me cuenta mi amigo Julio que el verbo se coloca gramaticalmente en el final de la frase. Esto tiene una consecuencia: no se entiende nada hasta que el hablante no termina la frase y, consecuencia indirecta, la gente escucha a los demás hasta que terminan de hablar.
En húngaro ocurre muy parecido y el verbo se coloca muchas veces al final de la frase. En húngaro, no obstante su colocación es más flexible que en alemán. En húngaro lo que es importante y se quiere recalcar se pone al principio de la frase, como en este ejemplo:

- ¿Eres Javier?
- Javier soy.

Incluso se puede totalmente eludir el verbo "ser". ¿Por qué? Quizá porque el verbo ser se dice tanto que ya estaban un poco hartos de tener que repetirlo cada vez. El húngaro puede ser un idioma en ocasiones muy económico.

- ¿Eres feliz?
- Feliz.

O, como diría el Maestro Yoda: "Muy económico el húngaro un idioma puede ser, Joven Skywalker". En el siguiente email que recibí de una muy amable conocida de Miskolc, vemos como los húngaros también tienen tendencia a hablar colocando el verbo al final.


A ésto yo lo llamo "Lenguaje de Yoda" o Yoda Language, si queremos ponernos internacionales.

En España no es normal esperar a que el otro termine de hablar para hablar tú. Si te quedas callado todo el rato escuchando puede parecer que no te importa nada lo que te están diciendo: debes hablar a la vez que te hablan para mostrar interés. Incluso debes intentar constantemente interrumpir las frases de la persona que te está hablando para demostrar total comprensión. Si tu empatía con quien te habla es muy grande, entonces deberías ser capaz de terminar la segunda mitad de la frase que tu interlocutor ha comenzado.
Pongamos un ejemplo:

ENTRE EXTRANJEROS QUE COLOCAN VERBO AL FINAL:

- Un accidente en la oficina de al lado de la casa de tu tía con dos heridos ha habido.
- ¿De verdad? ¿Del accidente a los heridos conocías?
- Ciertamente. En el colegio la educación primaria con Javier juntos hicimos.
- ¡Oh, que vicisitud!.

EL MISMO DIÁLOGO ENTRE ESPAÑOLES:

- ¡Hostia tú! Ha habido un accidente en la oficina al lado de ...
- ¿...de mi tía? ¿Qué me estás contando, compadre? ¿Conoces a ...?
- ¡Joder, que si conozco! Pues a Javi, que hizo primaria conmigo, to la vida.
- ¡Hay que joderse!

Del diálogo anterior trascienden algunas diferencias entre unos idiomas y otros, que seguro interesarán a mis amigos lingüístas, traductores y extranjeros que desean entender el español.

07 noviembre, 2012

No es un frac, es un forro polar.

Por aquellos tiempos Szinva Terász todavía no era así.
Era unos feos aparcamientos.
Ahora está el tío, la manzana invertida y también la estatua de "Las chicas de Miskolc".

En el Impresszo de Miskolc o en el Shannon Pub después de la cena solía agobiarme mucho cuando las francesas sacaban sus monederos y contaban exactamente si habían bebido dos cocacolas o si una de ellas había bebido tres, o yo había bebido vino o cerveza... cada una pagaba exactamente lo que había consumido. 
Un español, quizá por saber menos matemáticas, o quizá por ser más generoso que las francesas, dividiría entre cuatro el precio total de la cuenta, sin importar si una o varias personas hubiesen tomado postre o dos cocacolas o sopa o lo que fuera. Era intolerable. Una de ellas era incluso mi novia. 
Me ponía nerviosísimo verlas contar sus moneditas. Interminable. El camarero ante nuestra mesa a la espera del resultado. Me avergonzaba. 

06 septiembre, 2012

El Espinete de los húngaros

Hoy he conocido al Señor Erizo que vive en casa de mi amigo Mario. Es un animal pequeño que duerme mucho y sale cuando nadie lo ve, porque no quiere problemas. Se protege con sus púas arqueando la espalda. Esto me ha hecho recordar otro animal que tengo en mi estantería. Un topo, pero de peluche.

Los húngaros que actualmente tengan entre 20 y 50 años tendrán seguramente un recuerdo muy grato de este personajillo que acompañó sus infancias. Se trata de un dibujo animado procedente de Chequia, donde es conocido como Krtek. Sin embargo, para los húngaros es Kisvakond, el "Topito". 
Creo que los hispanohablantes que conozcan el programa Barrio Sesamo encontrarán un paralelo en otro animalillo de nuestra niñez: Espinete era un erizo que se ponía pijama para dormir, pero el resto del día iba sin ropa, ¿os acordáis?

Siempre me ha fascinado el diseño simple y redondeado del Topito y todos los demás animales que lo acompañan. Es sabido que el juguete más vendido de la historia tiene una forma similar, me refiero a Mister Potato. Kisvakond tiene nariz roja, ojos grandes y vivos, un cuerpecillo negro y tripa gris. Son característicos los tres pelos que coronan su cabeza. 

En sus aventuras viene acompañado por otra serie de simpáticos animalejos como los osos, que en un capítulo le regalan un pez tras comerse su tarta en Kisvakond és a mackók, el conejito al que devuelve con sus hermanitos y Mamá Coneja en Kisvakond és a nyuszi, o sus colegas conejo, erizo y ratón con los que se junta para comer tarta y les cae un diluvio en Kisvakond és az árvíz. Tengo esos tres cuentos y a mi sobrina de cuatro años (que es una niña muy lista y guapísima también) le encanta que se los lea una y otra vez.

Son fantásticos los capítulos que se pueden ver en Youtube cuando el Topito se va a visitar la ciudad. Es alucinante comprobar el auge y las miserias de la industrialización socialista y la urbanización en "panellek" (casas prefabricadas en bloques de hormigón sobrepuestos en los que también me tocó vivir a mí y de los que he hablado en otras entradas del blog). Es bastante reivindicativo el capítulo de Kisvakond en la ciudad. El Topito y sus amigos son víctimas de la expropiación forzosa por unos hombres de negro y se ven obligados a vivir en un piso, tras conservar sólo el tocón de un arbolito del frondoso bosque que era su morada. Siempre que no retiren el vídeo, se puede ver aquí.

Incluso tengo una camiseta naranja de uno de los mejores momentos del Topito: ¡Cuando conduce un coche! Es el capítulo de Kisvakond és az autó. 
Porque sabían que me gustaba mucho, mis alumnos de la primera promoción de español que salió del Instituto Herman Ottó en el año 2005 me regalaron un peluche del Topito, que podéis ver en la fotografía y que siempre va conmigo a todas partes. 

30 agosto, 2012

¿Cómo se llaman los húngaros?


A veces los húngaros son demasiado literales con las preguntas y las respuestas. 
2012.12.05. En alguna parte cerca de Ráday utca, Budapest
En 2002, estando en Córdoba con mi amigo Enrique conocimos a Orsi, una estudiante húngara. Ya que en España parece que todos nos llamamos Pepe o Paco y todas las mujeres españolas se llaman María, nos pareció interesante preguntarle a Orsi sobre los nombres húngaros.
- Orsi, ¿cómo se llaman los húngaros?
Y ella respondió:
- ¡No lo sé! ¡Yo no los conozco a todos!
Orsi debió pensar que éramos unos ignorantes y habíamos tomado Hungría por un pueblo muy pequeño.

(Nota: ¿Cómo se traduce esta frase "Cómo se llaman los húngaros"?
1. Hogy hívnak a magyarok? 
2. Hogy hívják a magyarokat?
3. Ninguna de las dos anteriores.