02 mayo, 2026

Artículo recomendado acerca del cambio político en Hungría.

 

Antes de nada, decir que la publicación se puede leer de manera pública y completa en "Página Internacional", una selección interesantísima del mejor periodismo internacional. Lo recomiendo y les agradezco tener este artículo en abierto (basta registrarse para leerlo). 


https://paginainternacional.com/articulo/652 


Hungría y el tiempo de la contrarrevolución

Los ciudadanos de a pie han pagado un alto precio por el Estado mafioso de rapiña de Viktor Orbán
Por István Rév, profesor emérito de Historia y Ciencia Política en la Universidad Centroeuropea.

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Existe una explicación breve y frívola para la caída de Viktor Orbán: el autócrata húngaro fue arrojado a los lobos por su esposa, Anikó Lévai. Según una versión algo más larga, la culpable no fue solo una esposa, sino dos: la de Orbán y Judit Varga, la exesposa de su rival victorioso, Péter Magyar. Cherchez la femme. Así como Honoré de Balzac sugirió en su día que detrás de cada gran fortuna hay un crimen, Alejandro Dumas insinuó en Los mohicanos de París que detrás de todo misterio complejo siempre hay una mujer involucrada (o dos).

Como tantos arribistas de provincia enriquecidos durante los dieciséis años de mandato de Orbán, Lévai desarrolló una fascinación por los títulos nobiliarios, los escudos de armas, los palacios señoriales y las familias recogidas en el Almanaque de Gotha, el inventario por excelencia de la aristocracia europea. Y no estaba sola en su ascenso social. Los ministros de Orbán cazan con frecuencia junto a archiduques y comparten negocios con condes y barones. Un príncipe de los Habsburgo fue nombrado embajador en Francia y después en España, mientras que otro representó a Hungría ante el Vaticano. Incluso una de las redactoras de discursos de Orbán, Katalin Bánffy, pertenecía a la nobleza transilvana.

Lévai cultivaba la compañía de mujeres de la aristocracia. Escribía textos promocionales para sus libros, respaldaba sus organizaciones benéficas, presionaba para obtener apoyo estatal a sus proyectos, viajaba con ellas y visitaba sus residencias y castillos. Una de ellas, Katalin Mikes, recuperó la antigua casa familiar en Transilvania –hoy en Rumanía, aunque aún con una considerable población húngara– y recibió mil millones de forintos (unos 3 millones de euros) de los contribuyentes húngaros para reconstruir el castillo barroco. Lévai, íntima amiga de la entonces nuera de la condesa, descendiente a su vez de otra familia aristocrática húngara, pasaba allí sus vacaciones.

El episodio que incendió Hungría

Es aquí donde comenzó el escándalo que pudo haber precipitado la caída de Orbán. Mikes tenía un confidente de máxima confianza cuyo hijo, presbítero de la Iglesia Reformada, ejercía como subdirector de un orfanato en la campiña húngara. Tras años de sospechas y pasividad, la policía detuvo al director y lo acusó de abusar sexualmente de menores durante más de una década. Fue condenado a ocho años de prisión. Endre Kónya, hijo del confidente de Mikes, recibió una pena de más de tres años por intentar forzar a las víctimas a retirar sus testimonios mediante intimidación y sobornos.

En abril de 2023, con motivo de la visita del papa Francisco a Hungría, la entonces presidenta, Katalin Novák, concedió el indulto a Kónya. La medida no se hizo pública y salió a la luz de forma accidental en febrero de 2024. El verano anterior, pocos meses después de firmarlo, Novák había difundido imágenes de sus vacaciones familiares de una semana en el castillo de Mikes.

El obispo principal de la Iglesia Reformada de Hungría, Zoltán Balog –estrechamente vinculado a Novák–, reconoció haber presionado a favor del indulto. Como consejero espiritual de confianza de Orbán, se le permitió conservar el obispado, aunque se vio obligado a dimitir de la dirección de la Iglesia Reformada. Poco después, comenzaron a circular rumores de que Lévai también había intervenido personalmente en favor de Kónya.

Moral familiar, doble rasero

La noticia desató un gran revuelo. Novák había sido ministra de Familia de Orbán en un Gobierno que eliminó los estudios de género de los planes universitarios, aprobó una «ley de pedofilia» para estigmatizar la homosexualidad, prohibió el desfile del Orgullo de Budapest y obligó a las librerías a plastificar los libros con cualquier referencia a la sexualidad, con el objetivo declarado de proteger «la seguridad y el bienestar de los niños inocentes». Según la Ley de Protección de la Infancia de 2021, la educación sexual corresponde a los padres, y se prohíbe a las escuelas impartir contenidos que se aparten de «la tradición del modelo de familia heterosexual».

El filósofo conservador británico Roger Scruton, convertido en referente del antiliberalismo centroeuropeo, había allanado el camino para este tipo de normativas propias de la guerra cultural. En una ocasión sostuvo que «las jurisdicciones liberales toleran, por lo general, el daño que esta clase de libertad sexual inflige a los niños». Frente a ello, defendía que «la antigua moral se basaba en el supuesto de que los niños son tan necesarios como vulnerables, y de que pueden sufrir daños de muchas formas, en particular por una cultura de lascivia en la que se inician mediante las lecciones oficiales de educación sexual…».

En las escuelas húngaras no existe educación sexual oficial. Sin embargo, el país cuenta con una cadena de cafeterías temáticas dedicadas a Scruton –subvencionadas con dinero público– donde los partidarios de Orbán se reúnen para impregnarse de las versiones más domesticadas del pensamiento del difunto filósofo.

Una hipocresía colosal

En los meses previos al indulto, Novák era la política más popular de Hungría, pero se tomó su papel –en gran medida ceremonial– demasiado en serio para el gusto de Orbán. Viajaba con frecuencia al extranjero, se reunía con líderes internacionales y adoptaba un tono más suave y matizado al referirse a Ucrania. A diferencia de Orbán, ni siquiera descartaba la posibilidad de que Rusia hubiera iniciado la guerra.

Orbán vio en el escándalo del indulto la oportunidad perfecta para deshacerse de una posible rival y forzó la dimisión de Novák, transformando una indignación moral en una crisis política. La intuición política y la suerte parecían, al fin, haberlo abandonado.

El procedimiento legal de los indultos presidenciales exigía que la ministra de Justicia asesorara a la presidenta y refrendara la decisión. En el momento del indulto, ese cargo lo ocupaba Judit Varga, entonces esposa de Magyar. Según diversas informaciones, aconsejó a Novák no conceder el indulto a Kónya, pero acabó firmando el documento después de que la presidenta decidiera seguir adelante. Para entonces, Varga ya había dejado el ministerio en julio de 2023 para encabezar la lista de Fidesz en el Parlamento Europeo, y dimitió de la Asamblea Nacional al estallar el escándalo.

El hombre que salió del régimen

En el momento del indulto, Varga también atravesaba un divorcio turbulento y muy expuesto mediáticamente con Magyar. La noche posterior a su dimisión en 2024, Magyar concedió una entrevista a Partizán, un canal de televisión online. No disponía de muchas alternativas: casi todas las cadenas del país, salvo RTL –propiedad del grupo alemán Bertelsmann–, son públicas o están bajo el control de aliados de Orbán. Más de 2,5 millones de personas, un tercio del electorado húngaro, sintonizaron el programa.

La entrevista causó un auténtico terremoto. Magyar, hasta entonces una figura periférica en el entorno de Orbán, salió en defensa de su exesposa y denunció con detalle la magnitud de la ilegalidad y la corrupción del Gobierno, la avaricia de los círculos próximos al poder –en especial la de su yerno, hoy uno de los hombres más ricos de Hungría–, así como el deterioro de los servicios públicos y el aumento de la pobreza. Era la primera vez que alguien con evidente información sensible de primera mano se pronunciaba públicamente contra el régimen.

A decir verdad, nada de lo que dijo Magyar resultaba nuevo para los húngaros. Sin embargo, al proceder de alguien con acceso directo a información privilegiada en un régimen que se toma muy en serio sus votos de omertà, aquello supuso una auténtica ruptura política. Magyar se convirtió de inmediato en una celebridad y, para algunos, en un posible salvador nacional: una figura atormentada que había decidido renunciar a su vida de privilegios por el bien del país.

El Gobierno de Orbán intentó desacreditarlo a la desesperada. Los servicios secretos reclutaron a su nueva pareja para grabar sus conversaciones. Comenzaron a circular rumores sobre su vida privada y su comportamiento sexual. Se le atribuyeron transacciones ilícitas, blanqueo de capitales e incluso supuestos vínculos con Ucrania. Pero Magyar parecía estar hecho de teflón: cada nuevo escándalo fabricado no hacía sino reforzar su imagen de invulnerabilidad.

El candidato más húngaro

Pronto, Magyar decidió dar el salto a la política y enfrentarse abiertamente a Orbán. Demostró ser un operador sorprendentemente eficaz, valiente e incansable: en poco tiempo reactivó un partido prácticamente inerte y recorrió el país sin descanso. En apenas dos años visitó casi todos los municipios, grandes y pequeños.

El partido que eligió, Tisza, refleja bien su posicionamiento. El Tisza es el segundo río más caudaloso del país y se le conoce como el «río más húngaro» porque discurre íntegramente dentro de las fronteras del antiguo Reino de Hungría, a diferencia del Danubio, más «cosmopolita». Magyar no aspiraba solo a movilizar a los opositores más firmes de Orbán, sino también a atraer a sus votantes desencantados. Por eso, aunque se perfila como un conservador liberal de centroderecha y proeuropeo, ha optado por un calculado silencio sobre los asuntos que más dividen al electorado: la inmigración, los derechos LGBTQ y una posible adhesión de Ucrania a la UE.

La oposición a Orbán siempre ha sido especialmente fuerte en la capital, Budapest, donde reside alrededor del 20% de la población húngara. Durante 27 de los 36 años transcurridos desde la caída del comunismo, la ciudad ha tenido un alcalde liberal. Desde principios del siglo XX, la derecha húngara se ha referido a Budapest como la «ciudad pecadora»: cosmopolita, liberal y, hasta 1944, hogar de una numerosa población judía que desempeñaba un papel central en la vida cultural y artística.

Como en muchos procesos electorales recientes en Europa, cuanto más pequeña era la localidad y menor el nivel educativo de su población, mayor era la probabilidad de apoyo a partidos antiliberales. Orbán ha reivindicado con orgullo que las bases de Fidesz no están formadas por intelectuales urbanos «sabelotodo», sino por los «verdaderos húngaros», depositarios, según su retórica, de las virtudes tradicionales.

La guerra contra los intelectuales

Es una historia conocida. El difunto politólogo Richard Hofstadter recordaba que, en 1926, Hiram W. Evans, Mago Imperial del Ku Klux Klan, «escribió un conmovedor ensayo sobre los propósitos del Klan, en el que describía el principal problema de la época como una lucha entre “la gran masa de estadounidenses de la vieja estirpe pionera” y los “liberales mestizados intelectualmente”».

Evans lamentaba que los valores morales y religiosos de los «estadounidenses nórdicos» estuvieran siendo socavados por la llegada de nuevos grupos étnicos y ridiculizados por los intelectuales liberales. Aun así, confiaba en «devolver el poder a las manos del ciudadano medio, de linaje antiguo, cotidiano, no demasiado culto, no excesivamente intelectualizado, pero completamente inmaculado y no desamericanizado», porque «toda acción proviene de la emoción, en lugar del raciocinio». Y son precisamente esas «emociones y los instintos en los que se basan» los que, a su juicio, «constituyen los cimientos de nuestra civilización estadounidense, incluso más que nuestros grandes documentos históricos».

De igual modo, consciente de que no podía contar con el respaldo de los intelectuales a los que tanto despreciaba, Orbán emprendió una prolongada ofensiva contra las instituciones culturales y académicas de Hungría. Como lo expresó uno de sus asesores y lobistas en Bruselas, Frank Füredi –antiguo miembro del Partido Comunista Revolucionario Británico reconvertido en sociólogo nacionalista libertario–: «El escenario más importante de la guerra cultural es la guerra contra el pasado».

Reescribir la derrota como victoria

Un elemento central del relato nacionalista promovido por Orbán es la idea de que Occidente ha traicionado sistemáticamente a Hungría. El Tratado de Trianón de 1920 le costó al país dos tercios de su territorio y de su población. Durante la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt se aliaron con Joseph Stalin, lo que, según esta narrativa, dejó a Hungría sin otra opción que alinearse con la Alemania nazi en su defensa de Occidente frente al bolchevismo. En 1944, incluso los propios nazis acabaron ocupando el país.

La ocupación nazi se produjo con el beneplácito del Gobierno colaboracionista del almirante Miklós Horthy. Sin embargo, según la versión del pasado de Orbán, fueron los alemanes quienes deportaron a más de 430.000 judíos, la inmensa mayoría de los cuales acabaron asesinados en Auschwitz.  Los húngaros aparecen como completamente inocentes, pese a que apenas unas decenas de especialistas nazis llegaron al país bajo la dirección de Adolf Eichmann. En esta narrativa, Hungría –donde unos 52.000 funcionarios participaron en el asesinato de casi medio millón de sus propios ciudadanos en apenas 57 días– emerge como el único vencedor moral de la Segunda Guerra Mundial, al haber combatido contra soviéticos, estadounidenses, británicos y, finalmente, incluso contra la Alemania de Hitler.

Esta versión es la antítesis de lo que enseñaban los libros de historia comunistas a partir de 1948. Según aquel relato, aunque Hungría había sido un país fascista en el periodo de entreguerras y el último aliado de Hitler, la toma del poder por los comunistas en la posguerra la convirtió en miembro de la coalición antifascista y, de forma retrospectiva, en aliada de la Unión Soviética, una de las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial.

El propósito de Orbán, al igual que el de los comunistas, no era otro que convertir la derrota en victoria en un país que no ha ganado una guerra desde hace 541 años, cuando el rey Matías ocupó Viena. Esta reinterpretación encaja, además, con la tradición heroica que Orbán reivindica: la «defensa de los valores cristianos» frente a un Occidente decadente, laico y relativista, en sintonía con líderes como el presidente ruso Vladímir Putin, que todavía se toman el cristianismo en serio.

Las raíces de la reacción antirreaccionaria

La democracia liberal, con su conflicto político inherente y unas elecciones cuyo desenlace nunca está garantizado, puede percibirse como un lujo. La toma de decisiones –salvo en cuestiones de seguridad nacional– es lenta: exige deliberación, desacuerdos, debate y concesiones. Ese proceso, por definición imperfecto, priva a los ciudadanos de la estabilidad, la autoridad moral y la sensación de seguridad que un líder autocrático promete ofrecer.

Y, sin embargo, ahí reside también su paradoja central: al permitir que sus adversarios compitan y ganen elecciones, el propio orden constitucional abre la puerta a que quienes desprecian la democracia alcancen el poder y, una vez dentro, trabajen para desmantelarla.

Eso es, precisamente, lo que ocurrió en Hungría. Cuando Orbán –que ya había sido primer ministro entre 1998 y 2002– regresó al poder en 2010, puso en marcha una contrarrevolución contra el sistema democrático-liberal surgido tras 1989. Su Gobierno se dedicó a desmantelar los contrapesos institucionales, el pluralismo mediático, la independencia judicial, la autonomía local, la libertad académica y la separación entre Iglesia y Estado, con el objetivo de consolidar un régimen reaccionario, en línea con el ideal defendido por Hiram Wesley Evans: un sistema sostenido por políticas y propaganda nacionalistas, racistas, xenófobas y homófobas.

Las elecciones del 12 de abril marcaron una rebelión contra esa deriva. No hubo una nueva ideología ni consignas elaboradas, sino un rechazo frontal: la exigencia de que Orbán y su régimen se marcharan. «Váyanse al infierno, desaparezcan para siempre, rusos, vuelvan a casa», gritaban las multitudes. Fue, en esencia, una contracontrarrevolución.

La democracia liberal se resiste a morir

Muchos analistas han dado prácticamente por enterrada la democracia liberal, tratándola como una reliquia del siglo pasado, y han saludado –o lamentado– el auge de las autocracias posliberales. Sin embargo, el balance de estos regímenes, desde Estados Unidos –donde la satisfacción de los consumidores ha caído a mínimos históricos– hasta Hungría, dista de anunciar una nueva edad de oro política. Lo ocurrido en Hungría sugiere más bien lo contrario: que amplios sectores de la población siguen convencidos de que, frente a la autocracia, no existe una alternativa probada distinta de la democracia liberal que Orbán supuestamente había sepultado.

Por lo tanto, la pregunta adecuada no es por qué surgen las autocracias, sino todo lo contrario: ¿por qué la gente, una y otra vez, y a pesar de todos los obstáculos, contratiempos y fracasos, intenta erigir, salvar y reconstruir las democracias liberales? El ejemplo húngaro parece demostrar, una vez más, que con el paso del tiempo un amplio sector de la población acaba percibiendo el régimen autoritario como asfixiante. Les resulta insoportable no ser tratados como individuos, sino como miembros de grupos enfrentados; intolerable vivir en un estado de guerra política permanente, mientras el régimen invoca sin cesar enemigos contra los que proteger a la nación, la patria, la fe o el orden; e inaguantable comprobar que la autocracia los está empobreciendo.

Un país en vías de subdesarrollo

La esperanza de vida media de los hombres en Hungría se sitúa en 73,7 años: seis años por debajo de la media de la UE y entre las más bajas del bloque. Hungría ostenta las tasas de mortalidad por diversos tipos de cáncer más elevadas del mundo, y para finales de 2025 uno de cada diez pacientes en cuidados posoperatorios padecía una infección intrahospitalaria, una de las tasas más altas de Europa. En la patria de Ignác Semmelweis –el «salvador de las madres» que descubrió el vínculo entre la mortalidad materna y la falta de higiene de manos–, el consumo diario de desinfectante por paciente en los hospitales es de los más bajos de Europa.

Las tendencias demográficas apuntan en la misma dirección. Pese a los esfuerzos del autodenominado «gobierno amigo de los niños» de Orbán, la tasa de fertilidad no ha dejado de caer hasta situarse en 1,31 hijos por mujer en 2025, su nivel más bajo en 14 años. Como la mortalidad supera a la natalidad, el declive demográfico se está acelerando, agravado por la férrea oposición oficial a la inmigración.

Otros indicadores de desarrollo cuentan una historia similar. A lo largo de los últimos 16 años, la República Checa, Polonia y Eslovaquia han logrado reducir la pobreza con mayor eficacia. Hungría se encuentra, junto a Bulgaria, a la cola de la Unión Europea en términos de poder adquisitivo y nivel de vida. En 2020, la Oficina Central de Estadística de Hungría afirmó que el 9,5% de los niños húngaros vivían por debajo del umbral de pobreza. Sin embargo, después de que la agencia estadística de la Comisión Europea –Eurostat– publicara sus propios datos, las autoridades húngaras se vieron obligadas a revisar la cifra al alza hasta el 20,9%.

La riqueza de los íntimos

Hungría se distingue no solo por una extrema desigualdad de ingresos, sino también por una creciente concentración de la riqueza. El 10% de la población posee el 72% de los activos del país, mientras que el 50% inferior apenas dispone de un 5%. En Alemania, donde las grandes fortunas han tenido más tiempo para acumular capital, el 10% más rico concentra el 60% de la riqueza, y en China la cifra ronda el 68%. En Hungría, el 1% más acaudalado acapara aproximadamente el 33,7% de la riqueza de los hogares, un nivel similar al 34,8% del 1% superior en Estados Unidos. En 2025, los cien húngaros más ricos concentraban el 14% de la riqueza total, frente al escaso 2,5% registrado allá por 2005.

Ocho de los diez húngaros más adinerados están directamente vinculados a Orbán, entre ellos familiares y antiguos compañeros de escuela. Según Transparency International, Hungría ostenta la tasa de corrupción más alta de la UE. Durante los 16 años de gobierno de Orbán, el país recibió cerca de 60.000 millones de euros –unos 71.000 millones de dólares– en fondos comunitarios, el equivalente a casi un 3% de su PIB en ese periodo y aproximadamente la mitad –en dólares de 2023– de lo que Estados Unidos destinó a Europa con el Plan Marshall. Al menos un tercio de esos recursos habría acabado en los bolsillos de trece oligarcas próximos al poder.

Los húngaros de a pie han pagado un alto precio por el Estado mafioso de rapiña de Orbán. Durante la pandemia de COVID-19, Hungría sufrió una de las mayores tasas de mortalidad per cápita del mundo: solo a tres países les fue peor. Obedeciendo a consideraciones políticas, el Gobierno decidió importar vacunas rusas y chinas a un precio notablemente inflado, recurriendo a empresas intermediarias propiedad de individuos con conexiones políticas. También adquirió varios miles de respiradores con sobreprecio, de nuevo echando mano de empresas comerciales de reciente creación que se embolsaron beneficios astronómicos. La mayoría de esos respiradores ni siquiera llegó a utilizarse durante la crisis sanitaria. Salta a la vista que evitar la muerte de sus compatriotas nunca fue la máxima prioridad para Orbán y sus secuaces.

Una segunda oportunidad 

Pese a las advertencias de la oposición democrática húngara y de los observadores internacionales, durante años la UE pareció incapaz o reacia a plantar cara a la amenaza autocrática que encarnaba Orbán. Haciendo uso del dinero de los contribuyentes húngaros y europeos, Orbán compró descaradamente el favor de Alemania. A base de ofrecer enormes exenciones fiscales e inversiones en infraestructuras con sobrecostes –en carreteras, aeródromos, sistemas de alcantarillado y capacidad eléctrica– sufragadas con fondos europeos, Hungría se erigió en el centro de ensamblaje extranjero más importante para la industria automovilística alemana fuera de Alemania y China.

Además del sector del motor, otras grandes multinacionales alemanas, como Bosch y Siemens, también sacaron provecho de las dadivosas concesiones del Gobierno húngaro. En cierto modo, Orbán tomó a Alemania como rehén, lo que le garantizó la pasividad de la entonces canciller Angela Merkel. Para la economía alemana, Orbán era un activo demasiado valioso como para dejarlo caer.

Cuando Orbán, arropado por Rusia y China, sintió que había afianzado su control, empezó a atraer a territorio húngaro a fabricantes chinos de automóviles y baterías. Hungría aspiraba a convertirse en el principal centro de producción automovilística de China dentro de la Unión Europea, lo que amenazaba con erosionar la posición de las marcas alemanas. Al mismo tiempo, el Estado húngaro –con el apoyo de empresarios cercanos al poder– adquirió el aeropuerto de Budapest y lo transformó en un nodo clave para el transporte de mercancías chinas en Europa, comprometiendo no solo los intereses económicos del bloque, sino también su seguridad. Fue entonces cuando Bruselas empezó a calibrar la magnitud del problema.

El rey desnudo

Luego llegó la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia en 2022: el detonante para que Hungría se convirtiera en el caballo de Troya de Rusia en el seno de la UE, vetando sistemáticamente cualquier apoyo a la nación ucraniana. De la mano de Patriotas por Europa, una alianza parlamentaria europea de extrema derecha nacida bajo su auspicio, Orbán promovió una visión del continente entendida como un aglomerado de Estados etnonacionalistas y «soberanistas», con el propósito de liquidar en la práctica el proyecto europeo de la posguerra. En ese contexto, la victoria de Magyar concede a Europa una segunda oportunidad.

A lo largo de toda su trayectoria, Orbán ha reiterado: «No soy el que tiene la razón, sino el que la tendrá», insinuando que no solo cuenta con la capacidad de vaticinar el porvenir, sino también de moldearlo a su conveniencia. Durante años, esa combinación de instinto político, oportunismo táctico y confianza en sí mismo le permitió proyectar una imagen de infalibilidad. Pero desde el estallido del escándalo de los indultos –que dio impulso a una nueva oposición–, tanto él como su Gobierno no han dejado de encadenar un grave error tras otro. Cuando los autócratas se convencen de su propia infalibilidad, se aíslan del mundo y se dedican a escuchar a los aduladores, pierden toda capacidad de reconocer la realidad y la fortuna los abandona. Empiezan a asomar las grietas. El pedestal se tambalea.

Durante los dos últimos años, y especialmente en los compases finales de la campaña, Viktor Orbán pasó de proyectar una imagen casi colosal a convertirse en una caricatura de sí mismo: la de un mentiroso descarado que se aferraba con desesperación a un poder que se le escurría de las manos, mientras desvariaba como un loco ante la inminencia de un supuesto ataque por parte de Ucrania. Transcurridos 16 años, el electorado comprendió que el rey estaba desnudo y ya había tenido suficiente.

István Rév es profesor emérito de Historia y Ciencia Política en la Universidad Centroeuropea.

05 marzo, 2026

¿No te gusta el sistema?

Quizá ahora en 2026 la "oposición" de Péter Magyar (Partido Tisza) le haga una competencia real en las elecciones a la coalición de gobierno actual de Viktor Orbán (Fidesz-KNDP-Jóbbik). Es un caso raro, incierto pero Tisza es proeuropeo y propone más impuestos a los ricos y menos impuestos a los pobres, y esto podría modificar alguna cosa.

El movimiento actual de oposición de Tisza ha sabido reorganizar un descontento antiguo (me acuerdo del movimiento de "¿No te gusta el sistema?", de 2011, en el vídeo adjunto).


El sistema político húngaro favorece al partido dominante.  Por eso, una unificación de la oposición puede conseguir escaños donde los partidos pequeños no lo conseguían. 

La tendencia es clara, de todos modos: La derecha ultra de Jóbbik se hunde... La derecha populista de Fidesz en coalición con los democristianos (KDNP) pierden votos y sube el partido de la oposición: el Tisza (creado en 2021 y que ha crecido mucho en apenas un par de años, cosa rara).
La figura clave es Péter Magyar, un "insider" de la política húngara al que convendría mirar de cerca, para entender mejor su éxito. 
La otra clave es el voto en Budapest / el voto en el resto del país. En Budapest el voto es más cosmopolita, tiene más votantes en contacto con Europa y más voto universitario (más cultura). 
Fuera de Budapest el voto es más conservador (pasa en todos los países), pero además, es más dependiente de los favores del Estado central (del partido dominante), y es de personas de mayor edad y quizá de menos nivel cultural, en su mayoría.
Si Tisza consigue el voto fuera de la capital, conseguirá mucho. 

Pase lo que pase, vamos a celebrar los cambios diciendo una bonita palabra húngara:  "megszentségteleníthetetlenségeskedéseitekért". 

22 enero, 2026

"¡Hungría, un país pro-familia!"

Me resulta muy incómodo cada vez que atravieso el aeropuerto de Liszt Ferenc, tal como ha sido decorado en la Era Orbán. A la vista de estos carteles, cualquiera que lea entre líneas, entiende lo que quieren decir: Hungría no es amigable con nada que no sea la familia tradicional.  


Estos carteles en el aeropuerto no dan la bienvenida a todo el mundo. Sólo a las familias. No tengo nada en contra de las familias, pero las familias no sólo son como se muestran en estos carteles. Existen las familias sin hijos, las familias monoparentales, las familias de adopción y las familias de padres / madres de un sólo género. Es increíble tener que decirlo pero: tener dos madres no te educa para ser lesbiana, ni tampoco tener padres gays te lleva a serlo tú. Es obvio. Es triste tener que decirlo en el siglo XXI. 


El Gobierno de Hungría lleva años impulsando políticas y retóricas que son claramente en contra de los derechos LGTB+. 
La "Ley de propaganda" de 2021 prohíbe representar o promocionar identidades sexuales o de género diversas ante los menores. Amnistía Internacional se ha quejado de esto

Para el gobierno húngaro, este discurso es “protector de la infancia y de valores tradicionales”, no necesariamente dirigido contra personas LGTB+ como individuos. Pero esto es hipocresía. Decir una parte de la verdad, revela cuál es la información que resulta incómoda. Las personas LGTB+ resultan incómodas para el gobierno de Orban y para muchos húngaros. Esto es un síntoma de machismo y atraso ciudadano, así como de prejuicios. ¿Por qué es incómodo lo que otros hagan en su intimidad? ¿Cuál es el miedo que tanto provocan estas personas? ¿Tienen miedo a su propia masculinidad? ¿Tienen miedo a que no haya suficientes nacimientos en el mundo? 

A mí me apena mucho la falta de libertad para las personas LGTB+, que no podrán reconocer y manifestar libremente su identidad de género diversa de la familia tradicional. 
También están prohibidos en Hungría los desfiles por el Día del Orgullo, lo cual es claramente discriminatorio, excluyente y homofóbico. Es contraria a los valores y las libertades que defendemos en Europa. Siempre defenderé las libertades para los colectivos LGTB+.

Espero que en el futuro nos demos cuenta de que las libertades y los derechos implican la universalidad de los mismos.
No podemos ser ciudadanos libres, pero tener esclavos en casa. 
No podemos ser familias si no reconocemos a todo el resto de familias existentes. 
Aunque lo pongamos en muchos idiomas: estamos siendo excluyentes y no estamos viendo la realidad. 


No reconocer este derecho a los húngaros significa hacer sufrir a las personas de Hungría cuya identidad de género no es la tradicional. Es una grave injusticia por parte de un gobierno. Es un síntoma de atraso, rancio conservadurismo y autoritarismo. 



07 enero, 2026

Los buenos alumnos / Los buenos amigos

Ha pasado todo diciembre y no he escrito nada aquí, si bien he pensado a diario en Hungría e incluso hice en el avión una lista de ideas que quería escribir, una por una. 


En Miskolc es retro hasta el símbolo de Adidas.
En Miskolc es retro hasta el símbolo de "Adidas". 

Cuando yo vivía en Hungría no existía la inteligencia artificial, ni existían los ebooks. De este modo, yo regresaba a España y me iba a la Librería Central de Barcelona y compraba dos bolsas de libros para llevarme a Hungría y pasar el crudo invierno. Además, tenía necesidad de preparar mis clases de Historia decentemente en un momento en que mis alumnos húngaros criticaban a otros profesores de esta manera : 

- ¡Prepara las clases usando Wikipedia! ¿te lo puedes creer? 

Creo que fue Kálmán quien lo dijo -para mí, Kálmán sólo hay uno-.
Hoy me parece que está tolerado preparar las clases con Wikipedia, ya que ha crecido mucho su contenido. Pero hace veinte años, allá por 2006, los buenos alumnos de Miskolc defendían que un profesor respetable tenía que preparar las clases usando libros. 

Tampoco existía Duolingo, que esta semana me ha enseñado esta serie de palabras: 

Unalmas / Aburrido
Mérges / Enfadado, cabreado
Rosszul / Enfermo
Gyenge / Débil
Szörnyű / Terrible, mala 

También he practicado otras que ya conocía, pero no las distinguía entre ellas, como:
Nyugodt / Tranquilo
Csendes / Silencioso
Claro, la gente me solía decir "nyugi, nygui" ("tranqui, tranqui"). Y en la peli de Werckmeister Harmóniák, cuando al inicio Valuska explica el eclipse, dice... "y entonces, ¡silencio completo!" Minuto 5:50 en este enlace: https://www.youtube.com/watch?v=_d5X2t_s9g8 

Yo no entendía este momento porque yo escuchaba a Valuska decir: "és akkor, nem a csend" ("no el silencio"), pero, al preguntarle a Nerina, me dijo que Valuska realmente dice: "és akkor, néma csend" La traducción correcta es: "y entonces, ¡silencio mudo!".
Así he aprendido una palabra nueva que es una de mis favoritas en húngaro desde hoy (junto a "kukorica"): 
Néma / Mudo 

Y otra que me ha sorprendido mucho, porque la usaba pensando que significaba "Muy bien" o "Muy guay", es la siguiente: 
Tökéletes / Perfecto 
Esto me desconcertaba porque "tök" es calabaza y "élet" es vida. Entonces, ¿para los húngaros la perfección es lo mismo que "una vida en forma de calabaza"? O también, "életes" es dinámico, entonces, ¿"una calabaza dinámica" es la perfección?

Efectivamente algo que es perfecto es el máximo de lo bueno o de lo guay, pero no había dado cuenta que significaba "perfecto". Y la perfección sería la "tökéletesség" ("calabazadinamismo")

Por cierto, bromas aparte, ayer 6 de enero los Reyes me trajeron la noticia de la muerte de Tarr Béla, al que tengo por un gran y honesto director de cine. No he visto todas sus pelis, pero sí me vienen a la mente las "Armonías de Werckmeister" o "el hombre de Londres" y, por supuesto, "Sátántangó". 
Me pregunto si a Krasznahorkai László le habrá entristecido la noticia. 



06 noviembre, 2025

Mi vara de medir países.

Gran Teatro de Córdoba. Esta foto de la tomé el 18 de Enero 2025, a las 20:02.

¿Qué enseñamos de Córdoba? Cuando un extranjero viene a Córdoba nadie duda de que hay que darle un paseo por el casco viejo (San Miguel, el templo y el puente romano, Corredera, San Lorenzo, San Agustín, La Magdalena, etc...), por supuesto incluyendo la Mezquita, la Sinagoga, Medina Azahara y que se coma un salmorejo, un flamenquín, unas berenjenas con miel o una mazamorra. Si además se va a la cama un poco chispado, creemos que hemos cumplido como buenos embajadores. En Córdoba tenemos un teatro, un ayuntamiento, una plaza de toros o un parque, pero no pensamos que esto nos distinga de otras ciudades. Los cordobeses pensamos que nos une nuestro pasado romano, judío y moro y que del cerdo se aprovecha todo. Al final, España hereda sus valores del Mediterráneo Antiguo, del Imperio Romano: somos individualistas, protegemos a nuestra familia contra las demás familias de Córdoba, sálvese quién pueda (como se explica en el libro "Sesenta millones de romanos" de Jerry Toner). Por eso enseñamos monumentos de vieja gloria imperial y religiosa y comidas y bebidas. 

Palacio de Viana, Córdoba. Esta foto de la tomé la tarde del 20 de Octubre de 2024.

¿Qué te enseñan en Dinamarca? Una vez visité Dinamarca. He tenido que mirar mis viejos currículums para recordar en qué año fue. En el verano de 2003 fui voluntario europeo, junto a una amiga cordobesa que tuve. Ella quería ir a Francia y yo quería ir a Italia, pero sólo quedaba Aalborg, Dinamarca, y elegimos esa oportunidad. Estando allí, los daneses nos regalaron su bandera en un delicado diseño de vidrio. Después nos enseñaron el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Aalborg. Nos pudimos sentar en los mismísimos asientos donde se sentaban para gobernar los concejales de la ciudad. En tercer lugar, nos hicieron un recorrido por el asilo público de Aalborg. Era sin duda un sitio estupendo para ser anciano: tenías tu propia casita con jardín, un cochecito eléctrico para salir a la calle y pasear, hasta llegar al centro cívico donde podías encontrarte con el resto de ancianos daneses. Todo ello atendido por personal adecuado, enfermeros, cocineros, limpiadores, psicólogos, etc... pensaba yo. Al final, Dinamarca construye sus valores como los pueblos nórdicos, como vikingos: pensando en formar y cuidar a una comunidad. Tuve claro por qué Dinamarca era un sitio más avanzado que España, es decir, porque enseñan su bandera nacional, su salón de plenos y su asilo público. 


Palacio del Duque de Rivas, sede de Vimcorsa, Córdoba. Foto tomada la tarde del 20 de Octubre de 2024.

¿Por qué un español no está orgulloso de lo mismo que un danés? Un español nunca hubiera regalado su bandera, puesto que nuestra bandera en España no significa la nación, ni la unidad, ni la patria. La bandera española significaba para mí ser nacionalista, como Franco y ser un facha, así que no se la regalaría nunca a nadie. Hoy en día sigo sin disfrutar de mi bandera. En segundo lugar, yo nunca había visitado el Ayuntamiento de Córdoba porque nadie nos había invitado allí. El salón de plenos y centro de gobierno de Córdoba no se me hubiera ocurrido nunca enseñárselo a ningún grupo de voluntarios europeos ni de amigos extranjeros que visitaran la ciudad. Pero lo que sí que jamás hubiera enseñado a nadie es un asilo o centro de ancianos. No sólo no conozco como son, sino que lo único que sé de ellos son historias "que salen en la tele", de aquellos lugares mal gestionados donde las cuidadoras mal pagadas tratan a los ancianos a patadas y se dan todo tipo de malas prácticas.  Un español no enseña lo mismo que un danés porque los valores son diferentes.

¿Por qué no enseñamos a los turistas el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Córdoba?
¿No estamos orgullosos de nuestras instituciones?
Por cierto, fui ese día y he solicitado dos veces visitarlo con mis alumnos y no me responde nadie.
Estas fotos las tomé el 8 de Agosto de 2025, a las 11:42.

¿Y qué enseñan los húngaros? Cuando he tenido que enseñar Hungría a mis amigos españoles, hemos pensado en visitar el Parlamento de Budapest, la colina de Buda, los baños termales de Szechényi, el parque Varosliget con su nuevo palacio de la música, la avenida Andrassy y Váci utca, culminando en el mercado central de Pipa utca. Pero creo que la imagen de Hungría sería entonces la de un país nacionalista (muchas banderas), con un pasado glorioso (castillos), buenos restaurantes, sin duda, mucha cerveza y una calle para comprar cosas baratas. Del Parlamento, por sí mismo, no podemos deducir nada, sabiendo quién lo administra hoy. Lo primero, te invitan a una cerveza o a un palinka, y si eres mujer te dan flores o chocolates. Los húngaros conciben su país alejados de la política: como los españoles, excepto en el nacionalismo de la bandera, que usan para todo. También dicen que del cerdo se aprovecha todo (tradición antisemita, ¿no?). Los húngaros te enseñan sus monumentos imperiales, y sus licores y chorizos.

Este dibujo lo hice el 19 de Julio de 2025, junto a Nerina Kiss, en Miskolc.

¿Cómo hay que medir a un país del siglo XXI?
Me parece que un país del siglo XXI hay que medirlo por cómo vive la gente (si hay un buen gobierno), por ejemplo, el precio de la vivienda (Hungría ha experimentado una subida tremenda de precios de los inmuebles) la igualdad entre hombre y mujer y de clases sociales (la asunción de los Derechos Humanos), la posibilidad de empezar una vida para los jóvenes (dado que tantos emigran de Hungría o de España) y la manera en que se trata a los ancianos y los derechos con que se protege a las minorías (LGTB, grupos minoritarios como gitanos húngaros, judíos húngaros, emigrantes sirios, turcos, ucranianos o chinos). 

¿Qué mostraría yo de Hungría? Bueno, ya no estoy seguro de qué representa los valores adecuados. La Hungría amable y ciudadana del futuro. Una Hungría socialdemócrata y abierta.

Pero algo que me ha gustado a priori es la nueva Casa de la Música que ha abierto en enero de 2022. Obra de un arquitecto japonés, se ubica en el Paseo de Olof Palme, 3, en una zona rica de la ciudad, junto al Varosliget (el Parque de la Ciudad). Os dejo una foto de este edificio y me quedo pensando... 

Esta foto la tomé el 3 de enero de 2025 a las 15:33, junto a Nerina Kiss.
 ... Pensando si este edificio debería criticarlo por su ánimo gentrificador o debería encantarme por su modernidad. Tal vez la Hungría que yo sueño es menos un escenario y más un hogar para la gente que vive en ella.

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30 octubre, 2025

Lo que no ha cambiado en Hungría.

El Pistacho Veloz ha vuelto a Hungría, aunque de allí nunca se fue. Pero ha vuelto a blogspot.

Hace diez años que no escribo en este blog, pero ¿qué importa el tiempo? Aquí estoy otra vez, retomando lo que nunca quise abandonar: la escritura y a Hungría.

Los tiempos han cambiado. Ahora existen los ebooks, existen los smartphones y la moda de las cervezas artesanas. Una cosa no ha cambiado: el gobierno de Hungría lo tienen los mismos y el país no ha mejorado, los jóvenes siguen emigrando porque no hay trabajo. Ocurrió la crisis de Siria y más tarde Putin invadió Ucrania, pero la apuesta de Hungría por Europa sigue sin ser clara.

Hoy vengo a contar que me he encontrado con un artículo (en español) de Botond Feledy, que relata cómo se encuentra hoy (es de 2017) el país magiar: sumido en una autocracia, perdiendo la pluralidad política y de medios de comunicación, en medio de una crisis demográfica de emigración del talento y pasando también un horrible momento político porque sus líderes no saben apostar por las libertades, por el desarrollo, por los derechos humanos y por la democracia, en definitiva. Allá por 2008-2010, cuando Fidesz se hizo con el gobierno, ya no me gustaba Orban y, hoy, todos mis temores se han confirmado. Os dejo el enlace a estas dos "noticias" sobre Hungría hoy. Uno de 2017, escrito por Botond Feledy (Botond es el nombre, Feledy es el apellido). Y otro más reciente, de 2021, una investigación de una prometedora estudiante del Bachillerato de Investigación del IES Las Musas, de Madrid. 

Hungría, ¿populismo o política? por Botond Feledy.
https://www.cidob.org/publicaciones/hungria-populismo-o-politica  

"El populismo de Víktor Orbán en Hungría y la Unión Europea" por Nerea López Jareño.
https://www.youtube.com/watch?v=izCRTBdBzqw   

Curiosidad histórica:
En el vídeo, se comenta sobre una frase que dice: "Mientras que oigas sonar las campanas en Hungría, Europa está a salvo". Me imagino que es una frase que se solía decir, referida a que el Imperio Otomano no había conquistado Hungría. No he encontrado a qué se refiere, quizá a las campanas de la Batalla de Belgrado, es decir, las campanas de mediodía por Nándorfehérvár/Belgrado (1456), la victoria de Hunyadi, que en Hungría se vive como “Hungría detuvo a los otomanos y protegió a Europa”.
Podríamos imaginarnos este texto algo así en húngaro, aunque me estoy inventando la versión húngara: 

„Amíg Magyarországon még megkondulnak a harangok, Európát nem fenyeget veszély.”

En fin, ya estoy disperso otra vez, me marcho por hoy. Como dice Nerea López, el deber de los demócratas es proteger la democracia. Y como diría Unamuno en 1923, puedo yo decir cien años después que "me duele Hungría".

#Magyarország #populizmus vagy #politika?

**Közzététel dátuma:** 2017. április
**Szerző:** Botond Feledy, vezető kutató, Center for Euroatlantic Integration and Democracy (CEID), #Budapest



25 febrero, 2020

¿Qué estás cansado de explicar sobre Hungría?



Esta imagen es un dibujo mío suelto como Urban Sketcher, en la calle adyacente al Teatro de Budapest, donde capturé esta carnicería junto al operario que estaba haciendo una reparación en el portal de al lado. En ese tiempo, tenía una novia húngara abogada muy guapa y con un carácter tremendo. Mientras ella trabajaba, yo hacía estas cosas y luego comíamos juntos. No estaba mal la vida.

Respondí en la red social Quora esta pregunta: ¿Qué estás cansado de explicar sobre Hungría?

Y respondí lo siguiente:

"Estoy cansado de explicar que su capital es la maravillosa Budapest, que el húngaro no es un idioma eslavo y que los húngaros son personas cálidas y acogedoras, como los mediterráneos, con los que siempre han mantenido una relación cercana."

Realmente no estoy cansado de explicar esto ni ninguna otra cosa sobre Hungría. Me gustaría tener que explicar muchas más cosas sobre Hungría y mis experiencias allí. Especialmente me hace ilusión que alguien ponga interés ahora que hace tiempo que no vivo allí.

Ayer expliqué entre amigos, tras una función de teatro, como en Hungría todos los teatros de cada ciudad, como el de Miskolc, tienen su propia compañía y pagan a una plantilla de actores locales que son, localmente, famosos. Los habitantes de cada ciudad han visto a sus actores interpretar, bailar, cantar y parodiar o dramatizar a muchos personajes en una variedad de obras. Esto no ocurre, desgraciadamente en España y es un aspecto en el que la cultura húngara está decididamente por delante de la cultura española.

Hay muchas otras cosas interesantes que se podrían contar sobre Hungría. Pero ahora tengo que irme a caminar. I have spoken.





31 agosto, 2015

Algo tendrá Hungría

Pasan los años y ya no tengo una novia húngara, de hecho he perdido mucho más que eso. Ya no vivo en Hungría, ya no soy joven, ya Hungría está construyendo un muro para los inmigrantes y el Jobbik sube como la espuma.
Ya ni siquiera escucho la mitad de lo que me dicen, literalmente.

Pero sigo teniendo un montón de ex alumnos en Hungría que alegran mi facebook y hacen que sea imposible cerrarlo. No puedo cerrar el puto facebook porque me alegra ver cómo crecen y se hacen gente de puta madre y me muestran paisajes increíbles mientras viajan. Y engordan y se ponen guapos y encuentran trabajo y tienen hijos, incluso. Todo muy deprisa.

Y los que fueron mis compañeros de trabajo españoles siguen regresando a Hungría cada vez que pueden con el sentimiento de haber perdido algo. Algo tendrá Hungría y algo tendrá Miskolc que te atrapa. Me lo decía Montse, me lo decía Anne Laure y me lo recuerda siempre mi vocabulario húngaro que, cuando parece olvidado, de repente, reaparece en un contexto andaluz en el que nadie lo puede entender. Y ese rollo: que nadie te puede entender nada más que los húngaros... es muy húngaro, ¿verdad?

10 febrero, 2014

El salami de Paco Ráckózi y yo

Hace unos días he recibido provisiones: Un fantástico sabroso y ahumado SZALÁMI de la fábrica de PICK de SZEGED, que visité con mis amigos Jairo y Bárbara hace años... con ese bigotudo Príncipe de Transilvania Paquito RÁCKÓZI, héroe de la independencia húngara en 1711 y héroe campeón del sálami...  su mostachón magiar saludándome desde mi propia cocina...
Me muero por abrirlo y probarlo.

03 octubre, 2013

Sin lengua en los pelos

Se dice que alguien no tiene pelos en la lengua cuando dice todo lo que piensa en voz alta y clara, sin miedos. Pero, ¿qué ocurre cuando uno va al peluquero en otro país y no habla el idioma? Pues que se encuentra uno sin lengua en lo de los pelos.

Podríamos decir que húngaras y húngaros son gente muy stylish, muy a la moda, y Miskolc está a la orden del día en peluquerías. Yo creo que las peluquerías y los salones de belleza superan en número a cualquier otro tipo de comercio, incluidas las zapaterías, que también abundan.


Mi peluquería favorita en Miskolc está en la Calle Szechényi con la Calle Deryné. Es la que tiene en el exterior un maravilloso cartel en blanco y negro que representa a un caballero con corbata y bigote. Podría perfectamente ser Charles Bronson. Adoro ese cartel. Szechényi utca no sería lo mismo sin él.


En la primera semana de octubre de 2013 pasamos en Córdoba unos días anormalmente húmedos que hacen sudar a propios y extraños. He decidido cortarme un poco el pelo y mientras me encontraba en la peluquería han entrado dos hombres de los cuales sólo el segundo necesitaba un corte de pelo, pero no sabía hablar español.

Inmediatamente he recordado cuando en Hungría necesitaba un buen hajfodrász (un pelado) y acudía a alguna de las peluquerías de Szechényi utca. Sin embargo, no podía dar ningún detalle sobre cómo quería dejarme el flequillo, el cogote o los lados de mi cabellera. Ni siquiera podía explicar matices sobre la longitud que quería cortar. Sólo sabía una palabra mágica: rövid (corto). Y que fuera lo que Dios quisiera.
Hoy, ante la presencia de este hombre extranjero que no sabía español, le he contado la anécdota a la peluquera, para excitar su comprensión por el guiri lingüísticamente indefenso. Ella me ha contado a cambio que su hermano en Inglaterra fue a un peluquero pakistanía y sólo supo decirle lo mismo: short (corto). El peluquero le metió la maquinilla y lo rapó al cero.
Se ve que corto significa diferente en cada idioma y no se puede traducir literalmente. Igual que "temprano" que en español significa las 8h de la mañana y en Hungría significa las 6h. Caso parecido al de la expresión "ya mismo" que cuando lo decimos en Andalucía muy a menudo significa "nunca".

Pero todo esto podría ser mucho peor: ¿Y si yo fuera una mujer? Cortarse el pelo para ellas es más delicado... es prácticamente una cuestión de vida o muerte.

Mi amiga Judit Drotos nos da la versión mujer "How to be an alien": ella es una húngara viviendo en Inglaterra, igual que George Mikes. Ya que es mucho más caro cortarse el pelo en Norwich que en Miskolc, Jutka aprovecha sus vacaciones para pagar el precio magiar. Pero confiesa que, siendo mujer con una hermosa mata de cabellos, requiere tan complicadas explicaciones en la peluquería que a veces ni siquiera es posible darlas en húngaro, su propio idioma.

Es curioso haber sido emigrante en Hungría durante la etapa en que España vivía su "milagro económico". Ahora estoy en Córdoba en la etapa en que España vive su "crisis y hundimiento", mientras todos los jóvenes y adultos se marchan a otros países, como el hermano de la peluquera.


Pasó el tiempo en que recibíamos inmigrantes y ahora somos nosotros los emigrantes. Ironías de la vida. El mirelanismo va a llegar. Córtate el pelo a tiempo.


17 agosto, 2013

Para no ser leído

Un libro que no puedes leer. 
Podéis verlo como una puerta cerrada, una palabra no dicha, un beso no entregado, una pequeña muerte, un regalo sin abrir, un amor no correspondido o un boceto sin entintar.
Foto tomada en Írók Boltja, Budapest, Andrassy u. (műértő = conocedor)
Pero yo prefiero que sea un ideal por alcanzar, un sitio al que llegar, una persona con la que hablar, una América por descubrir, una botella por descorchar, una frontera que traspasar, una acuarela fresca, una Ítaca personal o una experiencia por conocer. 

Y observen que he dicho todo esto sin mencionar el "sabor barbacoa" ni el "olor a hierba recién cortada". 


03 agosto, 2013

"Código de barras lineal" de Krisztina Tóth



Qué señora más guapa que es Tóth Krisztina (1967), ¿verdad?
Antes de ayer compré en la Librería Latitudes de Budapest el libro de Krisztina Tóth "Código de barras lineal" ("Vonalkód") (2010), traducido por Éva Cserháti. Lo leí en un día porque son relatos fáciles de leer, independientes.    

Finalicé el libro cuando estábamos sobrevolando España, de regreso de mis vacaciones, y se lo dejé en el barrio de Lavapiés en Madrid, a mi amiga Montse, antes de regresar a Córdoba.

Dije a Montse más o menos lo siguiente:

- Me ha gustado, pero sobre todo la segunda mitad. Cuando entendí el tono del libro.

- Esperaba relatos sobre el "comunismo del goulash", que es lo que induce a pensar la solapa del libro y la cita de la contra. Hay que saberlo: Este libro no habla del comunismo del goulash (hacia 1970).

- Este libro habla de vivencias de una (¿o varias?) mujeres, en tono intimista, personal, con un toque de desorientación, en un mundo donde las cosas suceden por casualidad, escapando de nuestro control. Envejeciendo sin remedio. 

Así pues, muy mal a la editorial ElNadir y al diseñador del libro que induce a confusión.

- El libro consta de quince relatos intimistas con toque indudablemente femenino (hay un capítulo dedicado al descubrimiento de la regla, hay referencias a la maternidad y también a las rupturas sentimentales).

Durante un mismo relato, de buenas a primeras, cambia de escenario sin avisar. Y esto desorienta. Aún siendo la intención de la autora, hizo un poco más difícil seguirle el hilo a los primeros capítulos. 

Recuerdo con gusto las partes en las que esta escritora poeta y traductora debe traducir un párrafo de una guía sobre Budapest y, poco después, recuerda ese párrafo al sucederlo algo parecido. Como si el destino le hubiera jugado una mala pasada.

Me gustó especialmente el capítulo que pasa la escritora en Japón.

Esta es una buena reseña del libro, a mi entender después de haber leído ambos:
Reseña de solodelibros.

Curiosamente el libro cuesta 16€ en España y en Hungría unos 5300 Forints, lo cual es poco caro dado que 1 € no son 330 Forint, sino menos.
Otra información curiosa: en húngaro es posible comprar un CD del libro Vonalkód y escucharlo.

Y ahora os dejo, que me dispongo a ver A Torinói Ló ("El caballo de Turín") la última peli del director Béla Tarr.